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Un origen acuático

La Ciudad de México es única en el mundo porque nació en medio de un lago. En 1325, los mexicas fundaron Tenochtitlan sobre islotes en el lago de Texcoco. Desde entonces, la vida urbana estuvo determinada por el agua: abundante, pero también impredecible. El agua era alimento, camino y defensa; pero también amenaza constante de inundaciones. La primera gran lección que nos deja esta historia es clara: ninguna ciudad puede prosperar sin infraestructura hidráulica sólida.

Ingeniería prehispánica: la convivencia con el agua

Los mexicas diseñaron soluciones extraordinarias: las chinampas permitieron cultivar en el lago; el acueducto de Chapultepec trajo agua dulce desde manantiales; la albarrada de Nezahualcóyotl dividía aguas salobres y dulces y controlaba inundaciones. Todo esto reflejaba una mentalidad de adaptación: convivir con el agua, no luchar contra ella. Esa visión de equilibrio es aún hoy un referente para pensar en proyectos sostenibles.

Conquista y cambio de paradigma

Tras 1521, los conquistadores desmantelaron parte de esas infraestructuras. Europa concebía el progreso como “ganar tierra al agua”. Así nació la obsesión por drenar. Desde el siglo XVI hasta el XIX se impulsaron gigantescos proyectos como el Desagüe de Huehuetoca y el Tajo de Nochistongo. El agua pasó de ser aliada a enemiga. El resultado fue una ciudad que creció sobre suelos inestables, con inundaciones recurrentes y conflictos sociales por la distribución del recurso.

Siglo XIX: expansión y nuevos retos

La urbanización acelerada llevó a depender del agua subterránea. Con tuberías de plomo e hierro fundido se buscaba modernizar el abasto, pero la potabilidad era deficiente. Epidemias como el cólera evidenciaron que la calidad del agua podía definir la salud pública. Además, los costos superaban las capacidades municipales, lo que obligó a buscar financiamiento privado: concesiones que anticipaban los esquemas modernos de asociaciones público-privadas (APP).

Hundimiento y advertencia

La extracción intensiva de agua del subsuelo provocó hundimientos diferenciales en la ciudad. Al inicio se pensó que eran fenómenos temporales; hoy sabemos que es un problema estructural. La lección es contundente: la ingeniería debe respetar los límites naturales. No se puede explotar sin planear la recarga ni ignorar la relación entre infraestructura y ecosistema.

 Cinco lecciones

  1. La ciudad sigue siendo lacustre: requiere bombeo y mantenimiento permanente.
  2. Cada generación debe aportar soluciones: no hay obra definitiva.
  3. El financiamiento es parte de la ingeniería: sin él no hay obra sostenible.
  4. El agua es un factor de equidad: su acceso justo construye ciudadanía.
  5. Adaptación, no dominación: convivir con el agua es más eficaz que intentar vencerla.

La Ciudad de México nació del agua y depende de ella. Gobernar el agua es gobernar la ciudad.

 

 

 

De Ciudad Lacustre a Megalópolis: Lecciones del Agua

Humberto Armenta

Ingeniero Civil y empresario mexicano, fundador de Recsa.

Categoria: Financiamiento IInfraestructura y Construcción
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