Durante varias semanas, la justa mundialista de fútbol 2026 ha captado la atención del mundo entero. Millones de personas han seguido cada partido, las ciudades sedes han recibido a visitantes de distintos países y México volvió a demostrar su capacidad para organizar uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.
Ahora que el torneo está llegando a su fin, es momento de hacer una reflexión que va más allá del fútbol.
Los campeones quedarán en la historia, los estadios volverán a su actividad habitual y la emoción de cada encuentro pasará a formar parte de la memoria colectiva. Sin embargo, existe un legado mucho más importante que el deportivo: la infraestructura que permanecerá al servicio de millones de mexicanos durante las próximas décadas.
Los grandes eventos internacionales representan una oportunidad única para acelerar proyectos que transforman ciudades enteras. El verdadero éxito del Mundial no debe medirse únicamente por la cantidad de asistentes, por la derrama económica o por el espectáculo que ofrecieron los partidos. El mayor logro será la capacidad de aprovechar las inversiones realizadas para impulsar un desarrollo urbano más ordenado, competitivo y sostenible.
La infraestructura siempre ha sido uno de los principales motores del crecimiento económico. Cada puente, cada carretera, cada sistema hidráulico, cada vía férrea y cada espacio público bien planeado genera beneficios que trascienden generaciones. Por ello, el reto comienza justamente cuando termina el evento.
Durante la preparación del Mundial, las ciudades sedes fortalecieron su movilidad, modernizaron espacios públicos, mejoraron accesos estratégicos y realizaron inversiones para atender el incremento de visitantes. Estas acciones respondieron a una necesidad inmediata, pero ahora deben convertirse en soluciones permanentes para quienes habitan diariamente estas ciudades.
La verdadera pregunta no es qué dejó el Mundial durante un mes de competencia. La pregunta es qué dejará durante los próximos treinta años.
En mi opinión, el mayor aprendizaje que nos deja este torneo es que la infraestructura debe planearse con visión de largo plazo.
Uno de los aspectos más importantes ha sido la movilidad urbana. Millones de desplazamientos pusieron a prueba la capacidad de nuestras vialidades, sistemas de transporte y redes de conectividad. Esto permitió identificar avances importantes, pero también áreas de oportunidad que deberán seguir fortaleciéndose.
La movilidad eficiente continuará siendo uno de los principales retos para México. Reducir tiempos de traslado, mejorar la conectividad entre zonas metropolitanas y ofrecer alternativas de transporte más sostenibles no solo mejora la calidad de vida de las personas; también incrementa la competitividad económica de nuestras ciudades.
En este contexto, la infraestructura ferroviaria cobra una relevancia especial. México vive actualmente una etapa histórica con el desarrollo del Plan Ferroviario Nacional, uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de las últimas décadas. La recuperación del transporte ferroviario de pasajeros permitirá fortalecer la conectividad regional, impulsar la movilidad y consolidar corredores estratégicos para el desarrollo económico.
Los sistemas ferroviarios modernos no solo reducen tiempos de traslado. También disminuyen emisiones, generan empleo, promueven el crecimiento urbano ordenado y fortalecen la integración entre regiones.
El Mundial nos recordó la importancia de contar con ciudades mejor conectadas. Ahora corresponde consolidar esa visión mediante proyectos que sigan beneficiando a la población mucho después del último partido.
Otro aspecto que merece especial atención es la infraestructura hidráulica. Las ciudades del futuro enfrentarán desafíos cada vez mayores relacionados con la disponibilidad de agua, el crecimiento poblacional y los efectos del cambio climático. Por ello, las inversiones en redes hidráulicas, sistemas de almacenamiento, tratamiento y distribución serán tan importantes como cualquier proyecto carretero o ferroviario.
Hablar de infraestructura hoy implica hablar también de sostenibilidad. Las nuevas obras deben incorporar tecnologías que permitan reducir el consumo energético, optimizar recursos, disminuir emisiones y fortalecer la resiliencia de nuestras ciudades frente a fenómenos naturales.
La construcción moderna ya no puede limitarse únicamente a desarrollar infraestructura funcional; debe construir infraestructura inteligente.
Ese será uno de los mayores desafíos para las próximas generaciones de ingenieros, arquitectos, urbanistas y constructores.
Asimismo, considero que uno de los elementos fundamentales para continuar impulsando el desarrollo nacional será la colaboración entre los sectores público y privado.
Los grandes proyectos requieren visión compartida, capacidad técnica, inversión y una adecuada coordinación entre autoridades, empresas e instituciones. Cuando existe ese trabajo conjunto, es posible acelerar obras estratégicas que generan beneficios sociales y económicos para millones de personas.
Nuestro país cuenta con el talento, la experiencia y la capacidad para seguir desarrollando infraestructura de clase mundial. Hoy más que nunca debemos aprovechar el impulso que dejó el Mundial para continuar fortaleciendo proyectos ferroviarios, carreteros, hidráulicos, hospitalarios y urbanos que eleven la competitividad de México.
Las oportunidades siguen ahí. El Mundial termina, pero el trabajo apenas comienza.
Las decisiones que tomemos en materia de infraestructura durante los próximos años definirán la calidad de vida de las futuras generaciones, la capacidad logística del país y nuestro potencial para atraer nuevas inversiones.
Estoy convencido de que el verdadero legado del Mundial 2026 será la infraestructura que permanezca funcionando durante décadas, que impulse la competitividad de nuestras ciudades, fortalezca la movilidad, mejore la calidad de vida de las personas y contribuya al desarrollo sostenible de México.
Porque los eventos internacionales son temporales. Pero las grandes obras permanecen; y son esas obras las que seguirán construyendo el futuro de nuestro país.
