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Dentro de las múltiples actividades que desarrolla el ser humano se encuentra la necesidad de la vivienda. Es el ordenamiento de esta actividad lo que ha llevado a la sociedad a desarrollarse. Pero ¿a qué medida?

Actualmente, la Ciudad de México presenta condiciones territoriales y urbanas muy distintas a las del resto de ciudades del país, debido a que forma parte de una Zona Metropolitana de más de 20 millones de habitantes. Por si esto no fuera poco, al ser centro de la mayor parte de actividades económicas, se vuelve una importante receptora de viajes de población flotante .

Además, la zona urbana al estar rodeada por los municipios conurbados del Estado de México, ya no puede ni debe expandirse. Esto quiere decir que todos los futuros espacios y edificaciones que se requieran en las próximas décadas tendrán que estar ubicados al interior de la zona urbana actual. Es aquí donde resulta imprescindible optimizar el espacio y comenzar a reciclar las zonas urbanas con mayor potencial.

El principal factor que ha causado esta sobre explotación de territorio son las nuevas viviendas. Recientemente, las que se han construido en la ciudad, apenas satisfacen una cuarta parte de lo que demanda la población, lo que las ha encarecido significativamente, provocando que los jóvenes y habitantes de menor ingreso se ubiquen en suelo de conservación (muchas veces en zonas de riesgo), o bien, en los municipios metropolitanos, lejos del empleo y de muchos de los satisfactores urbanos que la ciudad ofrece.

Este tipo de gestiones da como resultado la densificación poblacional de la ciudad, pero no una capacitación y mejoramiento de servicios y elementos complementarios que se van necesitando en mayor área y con usos cada vez más variados, por lo que se saturan los equipamientos existentes, los cuales fueron proyectados en su momento para concentraciones poblacionales muy distintas.

Por esta razón es que el espacio urbano ha ido perdiendo importancia, siendo visto como un elemento adicional de la ciudad, más no siendo valorado como el ente necesario para que todas las relaciones y actividades realizadas en la ciudad funcionen y tengan lugar.

Las recomendaciones para revertir estos procesos y hacer un uso eficiente del territorio deben ir en línea de promover una ocupación más intensiva y diversificada de los usos de suelo en las zonas centrales, ubicadas cerca del empleo y otros satisfactores urbanos, mediante un proceso paralelo de fortalecimiento de los equipamientos, infraestructuras y servicios. No obstante, es clave aceptar que para la renovación de la ciudad se requieren recursos económicos en cantidades que rebasan la disponibilidad presupuestal del gobierno.

Por supuesto que existen muchos retos para lograrlo, pero considero son más de voluntad y coordinación entre los distintos niveles de gobierno y las empresas constructoras que producto de la resistencia de grupos organizados. Con una buena estrategia, planificación y manejo del espacio urbano se puede recuperar y renovar tanto las edificaciones como la calidad de vida de las personas que habitan en la ciudad.

Optimización del espacio urbano

Humberto Armenta

Ingeniero Civil y empresario mexicano, fundador de Recsa.

Categoria: Infraestructura y Construcción
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