Water treatment plant for sewage waste water
Water treatment plant for sewage waste water purification seen from above, the Netherlands.

A partir de los años cincuenta del siglo XX, el desarrollo de la ciudad de México originó que el sistema de drenaje captara nuevos desechos, lo que modificó la mezcla de aguas residuales domésticas y pluviales susceptible de ser tratada y reusada, con elementos provenientes de la industria y el comercio, que requerían otro tipo de tratamientos. Para este efecto, se requería identificar, seleccionar y adaptar tecnologías que permitieran aprovechar las aguas residuales a costos que fueran competitivos con los del agua potable. Desde un principio era conocido, por la experiencia de otros países, que la remoción de los contaminantes de una mezcla de aguas residuales domésticas e industriales daba mejores resultados si los efluentes industriales se trataban en su fuente.

Entonces, el constante aumento en la demanda de agua y las inversiones cada vez mayores para satisfacerla, comenzaron a hacer atractiva la idea de reusar el agua. Fortalecía esa convicción la inconveniencia de emplear agua potable en actividades que no requerían esa calidad: si se incrementaba de manera sustancial la capacidad de depuración de las aguas residuales, se liberarían volúmenes importantes de agua potable. El tratamiento de las aguas residuales respondía a dos propósitos distintos: i) prevenir y controlar la contaminación en los cuerpos de agua naturales y ii) reusar las aguas, cuya calidad dependía de la actividad a la cual se destinarían.

En 1956 se construyó la primera planta de tratamiento de aguas residuales de la ciudad de México en Chapultepec, con una capacidad de 160 l/s. El riego de las áreas verdes de la ciudad se había venido haciendo con los efluentes de la planta de tratamiento de aguas residuales de Chapultepec, a la que paulatinamente se le fueron añadiendo los de las plantas de la Ciudad Deportiva de Magdalena Mixhuca en 1958 con una capacidad de 230 l/s, Xochimilco en 1959 con una capacidad de 1,250 l/s, y la de San Juan de Aragón en 1964 con una capacidad de 500 l/s. Después, en 1971 se construyó la planta de Cerro de la Estrella con una capacidad de 2,000 l/s, en 1973 la planta Bosques de las Lomas con una capacidad de 55 l/s, en 1981 la planta El Rosario con una capacidad de 25 l/s, y en 1982 la planta Acueducto de Guadalupe con una capacidad de 80 l/s.

Por desgracia, no se les dio un mantenimiento adecuado a las plantas de tratamiento de aguas residuales y, en otros casos, no se había completado la red de distribución para utilizar las aguas renovadas, por lo que la capacidad instalada de 4.3 m3/s se podía aprovechar sólo en 59%. Además, la demanda de riego y el llenado de los lagos fluctuaba a lo largo del año, lo que contribuía a aprovechar un máximo de 2.54 m3/s. Por ejemplo, la planta de Xochimilco no operaba porque los asentamientos diferenciales del terreno habían causado graves daños a las estructuras y las conexiones, además de producir desniveles que impedían el funcionamiento hidráulico de los procesos por gravedad.

Para remontar esos inconvenientes, se repararon los desperfectos más graves de las plantas de tratamiento y se instalaron 130 km de tubería de distribución, con lo que la red de aguas renovadas ascendía a 500 km, ilustración. Las aguas depuradas se utilizaban principalmente para el llenado de los lagos y canales recreativos y para el riego de áreas verdes, aunque también se empleaba una cierta proporción en la industria de la construcción y en establecimientos comerciales. La mayor parte de las aguas residuales tratadas se entregaba con redes de distribución —la así llamada red morada, por el color de sus tuberías, con la finalidad de no confundirlas con las de agua potable—, pero también se instalaron “garzas” para alimentar las “pipas” que realizaban el riego de los camellones y parques públicos ubicados en zonas donde no era costeable regar con tuberías.

Las plantas de tratamiento de aguas residuales de la ciudad de México se diseñaron para el proceso biológico de lodos activados, más su desinfección con gas cloro. Sin ser óbice, conforme se fue conociendo más acerca del tratamiento de aguas residuales y del reúso de las aguas renovadas, se contó con mayores elementos de juicio para identificar las sustancias recalcitrantes al tratamiento biológico, fuesen estas contenidas en las propias aguas residuales o las que se iban formando durante los pasos subsecuentes del proceso biológico. Por ello, era evidente que se requería reglamentar las descargas que las industrias y los hospitales —entre otras actividades con desechos de manejo especial— podían descargar en el alcantarillado sanitario, ya que de otra manera, los procesos de tratamiento tendrían que modificarse cada vez que el sistema de vigilancia de la calidad del agua
arrojara valores fuera de los límites permisibles para el agua de primer uso.

Reforzaba este criterio el hecho de que no existiese un reglamento que regulara la calidad de las aguas cuando la fuente era el agua residual, lo que obligaba a formular criterios que especificaran las concentraciones inocuas, tanto en humanos como en el ambiente, de los contaminantes físicos, químicos y biológicos presentes en las aguas tratadas. El laboratorio de calidad del agua de la DGCOH elaboró criterios para sancionar la calidad de las aguas renovadas tomando en cuenta aspectos toxicológicos cuando los principales consumidores eran los humanos y los animales, así como características fisicoquímicas para preservar componentes abióticos como suelos, instalaciones y estructuras de conducción y distribución del agua. Para que estos criterios alcanzaran la categoría de norma, debía hacerse una evaluación completa de ellos. Por otra parte, los materiales radiactivos, fibras de
asbesto y los virus no habían podido identificarse y menos cuantificarse en México.

Los 152 parámetros que definían la calidad de las aguas residuales, se agruparon conforme a los procesos de cada tipo de planta de tratamiento.

Las técnicas de disposición de lodos variaban desde la incineración hasta su depósito en rellenos sanitarios, los cuales dependían de la disponibilidad de terrenos adecuados para ello. También se consideraba la posibilidad de reutilizarlos en áreas verdes dentro de la zona urbana, sujeto a un estudio previo de los beneficios y desventajas de su uso para ese propósito. Asimismo, en 1982 se construyó una planta piloto, al lado de la planta de Cerro de la Estrella, con el objetivo principal de evaluar la posibilidad de regenerar las aguas residuales con calidad similar a la potable; por supuesto, conocer y orientar la opinión pública sobre el uso indirecto o directo de las aguas renovadas era un paso de suma importancia. En esa época, el costo de la vigilancia de la calidad de las aguas residuales tratadas en el Laboratorio Central de Control de Calidad del Agua oscilaba entre $0.041 y $0.055/m3, dependiendo de si se tomaban de 7 a 30 muestras diarias y si se analizaban entre 26 y 65 parámetros que involucraban a los 152 contaminantes bajo estudio.

PLANTAS DE TRATAMIENTO DE AGUAS RESIDUALES

Humberto Armenta

Ingeniero Civil y empresario mexicano, fundador de Recsa.

Categoria: Apuntes sobre la gestión hídrica
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