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El Tajo de Nochistongo fue la primera obra que permitió una salida artificial de la cuenca de México. Se construyó entre 1607 y 1789 con el fin de desviar las aguas del río Cuautitlán hacia el río Tula; actualmente drena 30 m3/s de aguas pluviales y residuales colectadas por el Interceptor Poniente, con capacidad de 25 m3/s, después continuado con el Emisor Poniente. El segundo trabajo importante de drenaje fue el Gran Canal del Desagüe, construido de 1886 a 1900 junto con el primer túnel de Tequixquiac, cuya capacidad es de 17.5 m3/s, con el objetivo de desaguar el lago de Texcoco; este canal a cielo abierto fue la primera infraestructura que se diseñó para drenar de manera sistemática las aguas residuales de la ciudad de México y no sólo las pluviales.

Las cuencas de los ríos ubicados al poniente de la ciudad son de menor extensión que los situados al oriente, y las pendientes de sus cauces son más pronunciadas, lo que implica que son cuencas de respuesta rápida con tiempos de concentración cortos. Con el crecimiento de la urbanización, en las primeras décadas del siglo XX, ocurrió una serie de inundaciones en el centro de la ciudad, originadas por los escurrimientos de los ríos del poniente, de modo que hacia 1929 comenzó a ser incuestionable que no sólo el río Cuautitlán ni el lago de Texcoco podían inundar a la ciudad de México.

Esta observación implicaba que el Tajo de Nochistongo y el Gran Canal del Desagüe eran insuficientes para drenar los caudales de los 48 ríos que fluyen hacia la parte baja de la cuenca de México. Como ésta es cerrada, no tiene una salida natural para las aguas superficiales; sólo la evaporación y la infiltración regresan al ciclo hidrológico una parte de la lluvia y el escurrimiento que ahí ocurren, pero en volúmenes tan bajos que no impiden el anegamiento del agua. Así, la siguiente obra de protección contra inundaciones se centró en el poniente de la ciudad de México, donde se ubica el bosque de Chapultepec, que es una zona de mayor altura que el resto de la ciudad, y abundan colinas y barrancas que albergan corrientes, la mayor parte de ellas intermitentes.

Con ese propósito, se atenuaron los picos de las avenidas de todos los ríos del poniente, empezando con la construcción de la presa Tecamachalco en 1929, seguida de la presa San Joaquín; la presa derivadora del Tornillo —que desviaba las aguas del arroyo del Tornillo hacia el río Hondo—; las presas Becerra y Tacubaya así como los túneles Mixcoac-Becerra y Becerra- Tacubaya, construidos entre 1935 y 1938, conjunto de obras englobadas en el sistema denominado Desviación Combinada; la presa Mixcoac, iniciada en 1937 y terminada en 1941; la presa El Capulín, también comenzada en 1937 y concluida en 1944, y la entubación de los ríos Consulado y La Piedad a partir de 1944, ilustración 20. A partir de 1930 se emprendió la construcción del Interceptor Poniente, con la finalidad de captar los escurrimientos controlados por las presas emplazadas en las corrientes que fluían desde el poniente de la ciudad. En 1961 culminó su construcción y su función fue auxiliar al Gran Canal del Desagüe y a la red de colectores, conduciendo un gasto de 35 m3/s con una serie de túneles de 15 km de longitud y un canal revestido a cielo abierto hacia el Vaso de Cristo. El objetivo principal de esta obra fue evitar que los torrentes fluviales de las barrancas del poniente de la ciudad escurrieran hacia el centro. En 1964 se terminó la prolongación del Interceptor Poniente —con el nombre de Emisor Poniente—, aumentando su capacidad de 35 a 80 m3/s y descargando el gasto en el río Cuautitlán, la laguna de Zumpango y el Tajo de Nochistongo.

Aunque a partir de 1932 se construyeron múltiples colectores por toda la ciudad, en 1937 se inundó de nuevo la ciudad, detonando la elaboración del plan de control fluvial, que condujo, en 1938, al inicio de la construcción de un nuevo túnel en Tequixquiac —con una capacidad de 60 m3/s y que fue concluido en 1954—, de un sifón bajo el río Churubusco para el paso del canal San Juan de Aragón y de un túnel a través del cerro del Tepeyac. Sin importar eso, en 1941, 1942 y 1944 se inundó otra vez la ciudad de México. Un fenómeno adicional comenzó a observarse desde 1933: se pavimentaron las calles y plazas, provocando la disminución de la infiltración, así como el aumento del volumen y el gasto máximo de las avenidas y el decremento en el tiempo de concentración del pico de los escurrimientos, esto es, debido al aumento de la urbanización se incrementó el volumen de escurrimiento pluvial, ilustración 21. La urbanización —que implicaba el cambio de uso de la tierra forestal o agrícola por el de centros de población urbanos o suburbanos— prescindió de materiales permeables en sus plazas y calles, así como de infraestructura que absorbiera o retardara la expulsión del agua de lluvia. Esa creación de superficies impermeables disturbó la manera en que fluía el agua, tanto superficial como subterránea, durante y después de las tormentas, así como la calidad de las aguas pluviales y la condición de los ríos. Gran parte de la superficie terrestre cubierta por edificaciones y pavimentos impidieron a la lluvia infiltrarse en el suelo, ilustración 22, haciendo depender a la ciudad de los desagües pluviales para conducir el escurrimiento desde los techos y las áreas pavimentadas hasta los cursos de agua cercanos. De esta manera, el suministro de agua urbana, el alcantarillado sanitario y el drenaje pluvial se convirtieron en una tríada.

Las barrancas del poniente se integraron al sistema que desaguaba de modo artificial la cuenca de México: el Tajo de Nochistongo y el Gran Canal del Desagüe; el drenaje provisto por las nuevas obras dio pauta para desecar terrenos, tal y como había sucedido desde la época colonial, cuando en otras zonas de la ciudad de México los moradores habían cegado canales, ganado terreno al lago de Texcoco o modificado los cursos y cauces de la infraestructura hidráulica. Al comienzo, las barrancas eran concebidas como áreas verdes; por ejemplo, en la edificación del fraccionamiento de las Lomas de Chapultepec se proyectaba reconfigurarlas como un parque convencional.

Sin ser eso un obstáculo, en los años posteriores a la comercialización de esta colonia, las barrancas del área, además del potencial para ser áreas verdes también recibían descargas de cloacas domiciliarias, permitidas por las autoridades encargadas de las Obras del Valle de México, argumentando que “esta Gerencia General considera que en zonas urbanas sin red de drenaje, los habitantes cercanos o limítrofes a los cauces naturales, tienen derecho a descargar sus aguas de desecho doméstico a dichos cauces” y, cuando estos permisos no se otorgaban, de cualquier forma se realizaba la descarga y después se pagaban multas para regularizar las descargas de fraccionamientos enteros.

Además de los albañales domiciliarios, las barrancas recibían los desechos sólidos urbanos y los vecinos se quejaban de que los canales de la zona eran basureros de mal aspecto y pedían permiso para entubar las corrientes y después usar la zona como estacionamiento, a fin de dar solución a su problema. Así, por ejemplo, se entubó el arroyo Barrilaco porque los vecinos aducían que era una fuente de insalubridad para los habitantes aledaños a él, ya que “en tiempo de lluvias se encharcaba” y producía miasmas donde las ratas pululaban. La autorización se concedió bajo el argumento de que “lejos de causar algún perjuicio resulta conveniente, ya que se saneará esa parte del cauce”. Pero no sólo los habitantes de las viviendas aledañas a las barrancas buscaban realizar obras en ellas, también las inmobiliarias que habían construido fraccionamientos en terrenos por donde cruzaban barrancas solicitaban permiso para entubar las corrientes y rellenar las barrancas para crear vialidades sobre ellas. Con la pretensión de que los “terrenos ganados” tras las obras de entubamiento eran secundarios, las inmobiliarias argüían que las obras representaban “un importante mejoramiento a las condiciones hidráulicas de la zona”, bajo la expectativa de usufructuar las áreas despojadas a los ríos.

Había un manifiesto interés mercantil por la tierra y, aunque la autoridad negaba los permisos para ocupar las barrancas argumentando que eran propiedad nacional, se ofrecía la opción de autorizar el proyecto “si el fraccionamiento se compromete a utilizar las superficies correspondientes al cauce y sus zonas federales como áreas verdes”, para lo que se necesitaría solicitar un arrendamiento. Además de intentar usufructuar terrenos nacionales, los desarrolladores inmobiliarios ejecutaban también entubamientos sin permiso e invadían los cauces. Las tierras resultantes de las obras hidráulicas en las barrancas también eran codiciadas por vecinos aledaños a ellas, quienes invadían las corrientes de manera ilegal extendiendo sus bardas, o bien, solicitaban quedarse con los terrenos. Un ejemplo paradigmático fue una solicitud enviada por el diputado Luis G. Manjarrez en beneficio propio y de los generales Manuel y Rafael Ávila Camacho, cuyas propiedades colindaban con un área abandonada de las barrancas de Tecamachalco y Barrilaco, que tenían posibilidad de recibir aprobación para terraplenar y formar prado y jardín en cada uno de los lugares de que se trataba, bajo la condición de instalar la tubería necesaria y conectarla al drenaje existente.

En 1943 continuó un entubamiento de 20 km que había comenzado en 1930 para extender hacia el sur el Gran Canal del Desagüe, conocido como Canal de Miramontes, mismo que se prolongó hasta Tlalpan en 1945. Entre los kilómetros 0 y 7 del Gran Canal se construyeron y ampliaron varias plantas de bombeo. En 1946 se entubaron los ríos Tacubaya, Becerra, Los Morales y San Joaquín, y en 1956 también lo estaban los ríos Churubusco, La Magdalena, San Ángel, Tequilazco, Barranca del Muerto, Mixcoac, La Piedad, Consulado y Miramontes, ilustración 23, con una longitud de 80 km, sobre los que se construyeron vialidades para la circulación de automotores y transeúntes.

En 1954 se concluyó la construcción del nuevo Túnel de Tequixquiac —con el fondeo del Departamento del Distrito Federal para que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas ejecutara la obra186—, que permitió incrementar el área bajo riego en la cuenca del río Tula. En 1956 se construyó una obra de auxilio al Gran Canal y a la red de colectores: el Interceptor Poniente. Esta obra consta de varios túneles y un canal revestido que sigue el cauce del río Hondo hasta el Vaso de Cristo, donde desemboca, evitando que todos los torrentes de los arroyos del poniente escurrieran sin control hacia la ciudad. En 1962 se construyeron las presas Totolica, Los Cuartos, El Sordo, Las Ruinas y Madín, que regulaban algunos escurrimientos del poniente. De 1963 a 1964 se incorporaron 12 km de túneles con capacidad de conducción de 80 m3/s para captar las aguas de los ríos Tlalnepantla, San Javier y Tepotzotlán, y se prolongó la longitud del canal del Interceptor Poniente 20 km adicionales con una capacidad de 130 m3/s187, para conducir el agua hasta el río Cuautitlán, la laguna de Zumpango y el Tajo de Nochistongo.

La construcción de 520 km de colectores requirió alimentarlo con 2,900 km de atarjeas188. Desde 1962, el Tajo de Nochistongo conduce hacia el río Tula, además de las aguas del río Cuautitlán, los 30 m3/s de aguas pluviales y residuales colectadas por el Túnel Emisor Poniente. En 1965 se renivelaron los primeros 6.5 km de los bordos del Gran Canal del Desagüe, se entubó el río San Juan de Dios, en Tlalpan, se construyó el colector Iztaccíhuatl, y en Xochimilco se instaló un sistema de 98 km de alcantarillado separado, enviando las aguas residuales a la prolongación sur del Canal del Desagüe y las pluviales a los canales a que había sido reducido el antiguo lago de Xochimilco, para beneficio de las chinampas. En 1966 se continuó con la entubación de diversos canales que servían de colectores y se sobrelevaron los bordos del río Churubusco para compensar el hundimiento y seguir soportando su capacidad de conducción de 40 m3/s a partir de Aculco y después de 80 m3/s hasta llegar a los remanentes del lago de Texcoco.

 

Humberto Armenta González

Presidente del Consejo de Administración de RECSA

PRESAS, TÚNELES Y ENTUBAMIENTO DE LOS RÍOS DEL PONIENTE

Humberto Armenta

Ingeniero Civil y empresario mexicano, fundador de Recsa.

Categoria: Obra Hidráulica
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